El Saber de nuestro Taller

Macu y Aroa | El hilo de las mujeres manchegas unido por el patrimonio

Nuestra historia no nace de un plan de negocio. Nace de un amor profundo por el arte, por la memoria que duerme en los muebles historicistas españoles y por la verdad de las cosas hechas con las manos. Pero, sobre todo, es la historia de nuestro linaje de mujeres manchegas que, frente a la adversidad, siempre acabábamos quedándonos solas, sosteniéndonos la una a la otra.

Este hilo invisible empezó con mi tatarabuela. Ella llegó a estas duras tierras de Cuenca en plena República, desamparada y con una niña pequeña en brazos: mi bisabuela. Al morir mi tatarabuela, aquella niña se quedó completamente desprotegida y, sin nadie que la reclamara, la casaron a los catorce años. Mi bisabuela tuvo tres varones y una sola niña: mi abuela. Con el tiempo, los hombres se marcharon y la historia volvió a repetirse: madre e hija solas, saliendo adelante en la absoluta crudeza de la posguerra. Años después, cuando mi abuela se casó y tuvo que emigrar a otra comunidad, no dejó atrás su pasado; se llevó a su madre consigo. Allí nació mi madre, Macu, entre el desarraigo y el recuerdo de la tierra. El destino, testarudo, volvió a trazar el mismo camino generaciones después, y mi madre y yo nos quedamos también solas.

Mi madre, Macu, ha dedicado treinta años de su vida a mirar el mundo a través del objetivo como fotógrafa y a dar forma a las ideas como diseñadora gráfica. Yo me licencié en Periodismo. Sin embargo, en paralelo a nuestras carreras, siempre latió con fuerza ese instinto heredado. Lo que hoy hacemos en el taller no nació de un plan de negocio; es algo que hacíamos de forma instintiva. Yo lo aprendí desde pequeña, viéndola a ella trastear, limpiar y recuperar piezas en casa.

Hoy, ese camino nos ha traído de vuelta al origen. Estamos en pleno proyecto de regreso al pueblo, sanando el olvido. Con nuestras propias manos estamos levantando la casa, construyendo el taller y limpiando la tierra de labranza tras años de completo abandono. Desbrozar el suelo, recuperar las parcelas abandonadas de mis antepasados y levantar los muros de nuestro espacio es un acto de amor puro; la misma entrega con la que investigamos nuestras fórmulas. Porque para nosotras, esto no es solo recuperar un mueble; es cultivar la paciencia, devolver al mundo un ritmo pausado y humano que se ha perdido. Es nuestra respuesta ante lo artificial, el punto donde se encuentran las disciplinas de nuestras carreras con la arqueología de la materia, devolviendo a la madera la luz y la profundidad que solo los materiales honestos pueden otorgar.

El Legado de las Tierras: Creamos nuestra propia Materia

Ese instinto de supervivencia de mi tatarabuela, mi bisabuela y mi abuela, que sabían hacer de todo con lo que el suelo les daba —desde fabricar su propio jabón con aceites y cenizas hasta levantar carboneras para hacer carbón—, es el que hoy aplicamos a la ciencia de la materia mientras recuperamos físicamente nuestro entorno.

En nuestro taller  recuperamos el legado de las tierras locales  El Ritual de la Alquimia: Fuego, Sol y Agua

En nuestro banco de trabajo no mandan las modas, mandan los elementos y el respeto por los materiales vivos, la madera. Aquel fuego con el que mis antepasadas hacían carbón para subsistir es el mismo que hoy alimenta nuestros procesos. Preparamos cada gramo de materia paso a paso con nuestras propias manos:

  • El Alumbre Mineral en nuestra Estufa de Leña: Calcinamos artesanalmente el alumbre en nuestra estufa de leña. Mediante este proceso térmico, recuperamos este mordiente histórico —el "Oro Blanco"— para fijar los pigmentos de forma orgánica, permitiendo que la madera siga viva y respire bajo el color.

  • Cal de Morón Deshidratada al Sol: Trabajamos con la cal más pura del mundo (Patrimonio UNESCO). La adquirimos en pasta y realizamos nosotras mismas su deshidratación artesana al sol, moliéndola después pacientemente en mortero para que su luz mineral sea fidedigna a la de los grandes palacios y conventos.

  • Ceniza Decantada a Mano: Honrando el saber de las mujeres de mi sangre que usaban la ceniza para lavar y hacer jabón, recogemos los restos de nuestra estufa y los decantamos en agua durante 7 días, cambiándole el agua pacientemente cada jornada para eliminar la potasa. El resultado es un pigmento de sombra y un micro-abrasivo noble que otorga al mueble una pátina de tiempo auténtica, limpia de químicos.

Nuestra Biblioteca Mineral: Geología de Origen

Nuestros materiales hablan de nuestra tierra, del saber heredado y de una química antigua basada en la pureza absoluta:

  • Blanco de España de La Roda (Castilla-La Mancha): El carbonato cálcico natural que aporta una vibración mineral única.

  • Aceite de Oliva de Almazara: El aglutinante perfecto para nuestras emulsiones y Encaustos Artesanos, herencia de los aceites nobles de la tierra, que nutren la fibra vegetal de la madera sin sellar su poro.

  • Pigmentos de Elaboración Propia: Elaborados y molidos directamente por nosotras en mortero de piedra a partir de las tierras recolectadas y plantas tintóreas, preservando toda su fuerza cromática y su alma ancestral.

El Técnica de la Muñequilla: Tacto vs. Plástico

Recuperamos la técnica tradicional de la muñequilla porque necesitamos sentir la superficie mientras trabajamos. Nuestro temple mineral no se aplica superficialmente, se funde con el mueble mediante pasadas concéntricas y fluidas. Queremos que, al aplicar nuestro producto, el proceso se convierta en un acto de atención, paciencia y arte, donde sientas la materia respirando bajo tus manos.

Un Legado de Series Numeradas

Aquí no existe el stock masivo ni las prisas de la fábrica. Lo que ves es lo que estamos creando ahora mismo en el banco de trabajo: lotes muy pequeños (de 15 a 60 unidades), todos numerados individualmente. Para que nuestra materia llegue perfecta a tus manos, seguimos los métodos de conservación tradicionales de las despensas antiguas: introducimos una bolsita de arroz para el control de la humedad y lentejuelas de cera natural perfumadas con aceites esenciales para preservar la frescura.

Es nuestro saber compartido. El hilo que une la resistencia de mi tatarabuela, la dureza que pasó mi bisabuela, la entrega de mi abuela, la limpieza de las parcelas olvidadas y la materia de nuestro suelo con las manos de mi madre, Macu, y las mías hoy. De nuestras manos a las tuyas, para que cada mueble, cada muro levantado y cada pincelada se conviertan en un legado que merezca la pena preservar durante generaciones.

                                         Aroa Ruiz Ruiz

 Periodista, tejedora de historias y artesana por herencia de sangre. 

 Honrando la paciencia de la tierra, de la mano de mi madre, Macu.